Cómo Edith Clarke rompió barreras y equilibró las cargas de la red eléctrica moderna
La red eléctrica tal y como la conocemos hoy en día quizá no existiría sin Edith Clarke. Fue la primera mujer profesora de ingeniería eléctrica en Estados Unidos e inventó la calculadora Clarke, una calculadora gráfica que permitía a los ingenieros resolver ecuaciones relacionadas con la corriente eléctrica, la tensión y la impedancia diez veces más rápido que a mano. Sus conocimientos en materia de electricidad también contribuyeron al diseño y la construcción de presas hidroeléctricas, entre ellas la presa de Hoover, y allanaron el camino para las redes eléctricas modernas.
Como ocurre con muchas mujeres que se iniciaron en el ámbito de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM), la historia de Clarke es una historia de oportunidades frustradas y, en última instancia, de perseverancia. A pesar de haberse graduado con matrícula de honor en el Vassar College en 1908 y de convertirse en la primera mujer en obtener un máster en ingeniería eléctrica por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Clarke tuvo dificultades para encontrar un trabajo como ingeniera. Fue contratada como «computadora» —es decir, como persona encargada de resolver ecuaciones matemáticas— en General Electric.
Como señaló la investigadora e historiadora Sandy Levins: «Como operadora informática en GE, Clarke no ganaba el mismo sueldo ni gozaba del mismo estatus profesional que sus compañeros varones». Frustrada, decidió marcharse a viajar y enseñó física durante un año en Turquía.
La ingeniera pionera detrás de nuestra infraestructura eléctrica
Cuando regresó a Estados Unidos en 1922, Clarke fue contratada como ingeniera eléctrica en el departamento de Ingeniería de Centrales Eléctricas de GE. Era una época en la que las líneas de transmisión se hacían cada vez más largas; unas líneas más largas implicaban mayores cargas eléctricas; y unas mayores cargas aumentaban las posibilidades de que el sistema fallara. Los modelos matemáticos para evaluar la fiabilidad de la red eléctrica en aquella época estaban más adaptados a sistemas de menor tamaño.
Clarke ideó un modelo de sistema eléctrico y sus características de comportamiento que permitió a los ingenieros analizar estos sistemas emergentes y más complejos. Además de la «Clarke Calculator», su trabajo fue fundamental para el crecimiento y el desarrollo de la red eléctrica estadounidense. En 1930, pasó a dirigir el equipo de ingenieros de GE dedicado al estudio de la estabilidad del suministro eléctrico.
Clarke publicó además 18 artículos técnicos, y su libro de texto *Análisis de circuitos de sistemas de energía de CA* se convirtió en la referencia del sector en aquella época. En la década de 1930, diseñó el sistema de turbinas de la presa Hoover. La electricidad que generaba se almacenaba en enormes generadores de GE. El sistema pionero de Clarke se instaló posteriormente en centrales eléctricas similares por todo el oeste de Estados Unidos.
Un legado de «primicias»
Tras una larga carrera en GE, Clarke se jubiló en 1945 y pasó los siguientes diez años impartiendo clases de ingeniería eléctrica en la Universidad de Texas en Austin. Falleció en noviembre de 1959 en Baltimore y dejó tras de sí un legado considerable:
La primera mujer del país en trabajar como ingeniera eléctrica
Primera mujer en presentar una ponencia en la reunión anual del Instituto Americano de Ingenieros Eléctricos (AIEE)
Primera mujer en convertirse en miembro de la AIEE, que más tarde pasó a denominarse Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE)
Primera mujer catedrática de ingeniería eléctrica en Estados Unidos
En este Mes de la Historia de la Mujer, rendimos homenaje a Edith Clarke no solo como ingeniera que rompió barreras, sino también como figura fundamental en la evolución de los sistemas de suministro eléctrico fiables de los que dependemos cada día.